jueves, mayo 21, 2009

Gargantúa en la Ecovía

Tengo un dilema desde hace algunos días, cuando se levantaron las láminas de protección de los paneles de aluminio de un nuevo "edificio" de la zona comercial, muy cerca al estadio Atahualpa y se descubrió una explosión de colores tan primarios como la intención de diseño que evidencia. Norberto Cháves articula esta inquietud cuando se pregunta si somos los diseñadores quienes elevamos el absurdo al nivel de propuesta de diseño, o si la demanda del cliente obliga a los diseñadores a proponer el absurdo como solución.
El nuevo y gigantesco habitante de la Avenida 6 de Diciembre materializa estos cuestionamientos: echa mano de las estrategias más estridentes y poco sutiles para llamar la atención del usuario. Colores burdos y un diseño grotesco son componentes de la transición entre el espacio público y un elemento urbano que bien puede descender de la tradición de gigantes glotones de Rabelais.
Al problema de si la ciudad acepta ese tipo de agresiones visuales, de si los usuarios no se ven violentados por el moderno y desproporcionado Gargantúa y de si un impacto tan fuerte en la memoria de la ciudad fue planificado como tal por sus creadores, se suma el de la permisividad de un Municipio que no repara en el daño - ni en el gravísimo precedente - que genera al aprobar tales ingenios. Y no solo por el potencial impacto en el ya de por sí caótico tráfico sino principalmente por el descenso en la calidad de la imagen de nuestra ciudad.
El criterio relativista con el que se evita juzgar el diseño de otro "profesional" ha sido superado en sociedades con sistemas urbanos más avanzados. En esos contextos, las propuestas arquitectónicas se ciñen a estándares estéticos rigurosamente impuestos por un "Arquitecto de la Ciudad", que es quien define el carácter arquitectónico y urbanístico que tendrá la urbe.
La calidad de un espacio viene dada por su legibilidad. Si podemos entender lo que la ciudad nos dice, nos sentiremos cómodos en ella. La tricolor y apocalíptica visión en pleno corazón comercial de Quito, que materializa las inquietudes de Cháves, me hace pensar que, posiblemente, el público de nuestra ciudad demanda espacios de esa calidad. Y eso es precisamente lo que tenemos: espacios ruidosos, caóticos, descontextualizados, que expresan un profundo irrespeto a la ciudad y un peligroso desdén hacia los peatones.
La memoria que los quiteños tenemos de Quito es la de un conglomerado humano que no es tanto ciudadano como simple usuario de espacios públicos y que no los valora. Un grupo que no asume una posición crítica sino fatalista ante la pobre calidad de esos espacios; que se conforma con poco, no responde ante agresiones visuales ni tiene la sensibilidad para escoger para sus actividades un espacio acogedor y de calidad por sobre uno sórdido y hostil.
Pero el dilema no se resuelve con esa epifanía. Se perpetúa, al volverse imposible la distinción entre la motivación de un público acrítico y pasivo, y el estímulo puramente comercial de los profesionales del diseño que deliberadamente invierten los sistemas visuales.

lunes, abril 13, 2009

Space Invaders, Parte 1

¿Qué es invadir el espacio? Cualquiera que haya respirado el humo negro de buses, caminado por la Avenida de Los Shyris luego de un cierre de campaña de Alianza País o evitado un letal encuentro con el tráfico, obligado por un cierre de aceras de algún constructor abusivo podría afirmar que sabe lo que es.
Sin embargo, ¿existen otras maneras de invadirlo? ¿Tal vez con buen gusto, con buena arquitectura o con fundamentadas contestaciones a acciones deliberadamente agresivas para con el entorno?
Qué post tan lleno de preguntas, para alguien que no ha escrito desde septiembre. La verdad es que sí he escrito, pero no tanto en el blog sino en la Revista Anaconda de Febrero de 2009. Además, algunos editoriales en el Diario Hoy, sobre la perspectiva del nuevo alcalde de Quito, sobre las razones por las cuales nadie se pone de acuerdo sobre la planificación urbana de la ciudad, sobre la crítica arquitectónica y las causas de su inexistencia en nuestro medio, sobre la cultura Occidental y cómo no ha echado raíces en la élite cultural de nuestro país, un ensayo sobre la personalidad de Quito, cuyo estudio se publicó aquí mismo, más abajo, y sobre el camino que debería tomar la supuesta rehabilitación de Ciudad Alfaro, necesaria luego de solo 6 meses de terminada la labor de la Asamblea que la ocupó.
Pasada la autopropaganda, volvemos a la inquietud sobre la invasión de los espacios. La mala arquitectura nos invade. El mal gusto es de todos y la sensibilidad con respecto a conceptos de barrio, entorno, impacto y contexto está escondida bajo tres llaves: la del comercialismo absurdo, la de la ideología radical y la de la prepotencia.
Estamos rodeados.
Es así que nace la idea de un estudio de diseño que piense la arquitectura antes de hacerla, que cuestione los arquetipos y las preconcepciones y llegue, incluso, hasta un extremo que la omnipotencia que nos caracteriza ha obstaculizado con férrea pasión: el cuestionamiento del propio gusto.
¿Qué es el gusto? preguntaba hace poco en una clase. Los estudiantes hicieron un esbozo, citando la sensibilidad, la historia personal, los patrones culturales y otros factores que supuestamente lo definen. Los patrones culturales, continuaba el cuestionamiento, varían de país a país y mucho más de continente a continente, pero el buen gusto se reconoce tanto en aspectos de la cultura china vista desde la perspectiva ecuatoriana como en aspectos de la cultura ecuatoriana vista desde una perspectiva hindú. Podemos decir que el buen gusto está por encima de los condicionamientos culturales, entonces.
La historia personal influye, definitivamente, al crearnos conceptos y parámetros dentro de los cuales se ajustan tanto nuestras experiencias como la idea de que aquello con lo que crecimos debe, invariablemente, ser de buen gusto porque nos pertenece y porque es lo que conocemos. Sin embargo... el gusto desarrollado por un personaje X no necesariamente responde a su historia, ni se ubica dentro de las preconcepciones e ideas que su experiencia le aportó. Podemos excluir la historia personal como condicionante del buen gusto.
La sensibilidad sí que es un factor, pensaríamos. La capacidad de apreciar un concierto de cello por sobre un ritmo de reggaetón, un edificio de Le Corbusier por sobre la mentada "ciudad alfaro"... ¿son innatas? ¿son aprendidas? Quién determina qué es la belleza y cuáles son los cánones que la describen?
Filosofía estética de lado, creo que hay convenciones. Convenimos que el espantoso museo de "ciudad alfaro" es, repito, espantoso. Y que, asimismo, la Catedral de Ronchamp, el Hotel Camino Real o, para estar a tono con el nuevo Pritzker, el pabellón suizo de la Expo Hannover 2000 son obras bellas.
Quito tiene, aunque pueda parecer más difícil de lo normal encontrarlas, obras de gran belleza arquitectónica y gran sensibilidad. Voy a citar obras de Rafael Vélez: su casa en el Valle de Los Chillos, de Ovidio Wappenstein: el edificio COFIEC o de Andrés Núñez: la sala del directorio del Hospital Metropolitano. Y hay más.
Pero, por desgracia, estamos siendo invadidos por obras sin criterio, descontextualizadas y desconsoladamente feas. Y que, para mayor desgracia, son hechas por personas que tienen un arma letal en sus manos: su firma y su registro como "profesionales" de la arquitectura.
De ahí surge la idea de invadir espacios con buena arquitectura, con buen gusto y con una filosofía de contestación y transgresión. De invadir física e intangiblemente espacios de la ciudad y de la conciencia colectiva, de ese "mal gusto colectivo" que es el que lleva no solo a algunos "profesionales" a proponer edificaciones que piden a gritos una cuadrilla de demolición sino a algunos clientes a solicitarlas expresamente y, lo que es peor, a algunas autoridades a aprobarlas.
La invasión de los espacios busca remover preconcepciones y destrozar esquemas. Romper ideas fijas que tenemos, tanto arquitectos como clientes, críticos como autoridades sobre qué es la buena arquitectura y quién es el buen arquitecto.
More later...

miércoles, septiembre 17, 2008

La "ciudad" de las artes y las ciencias?

El curso del Turia, transformado en un parque que sigue el cauce seco del antiguo río, va a dar de bruces con el megaproyecto de Santiago Calatrava, la "Ciutat de les Artes i les Ciencies". La escala monumental del complejo valenciano se aprecia a algunos cientos de metros, cuando se reconoce la elevación de un ingenio que rebosa de la personalidad que tienen todos los proyectos de Calatrava. Poco podría imaginar un observador que no ha visto aún nada.
La explanada en la que se alza la "Ciutat" se encuentra en una zona de Valencia que ha sufrido los embates de tres factores: Los arquitectos modernos, la crisis inmobiliaria y el estancamiento de la economía mundial. Gigantescos edificios de departamentos, de esos que se esconden de la calle, sin que quede claro si en respuesta al inexistente tratamiento de la calle como espacio público o simplemente porque las convenciones del diseño han logrado erradicar todo vestigio de contextualización y relación de edificios-calle-espacio público. Llegar a esa explanada es como caminar en una tierra de nadie. No hay relaciones qué forjar con la línea de fábrica - que directamente no existe - ni tampoco con los edificios cercanos, de diseño genérico y desarraigados del contexto. La zona ilegible, da lugar a un proyecto desproporcionado que genera inmensas zonas de espacio negativo. Su calidad escultórica - y eso pensaba apenas viendo la creación ictiomórfica que es la punta de lanza. Pero había más.
Las seductivas formas y la calculada repetición de elementos que se han constituido en rúbrica de las obras de Calatrava no son suficientes para contrarrestar el peso de los espacios negativos, tanto hacia el nivel de la calle como en los vacíos al nivel del antiguo cauce del río. La deshumanización de las escalas imposibles y los fríos materiales no son suficientes para hacer un espacio atractivo, cómodo ni agradable del monumental y monstruoso complejo.
Contrastan sin duda, al seguir caminando, el emplazamiento de los puentes que cruzan de un lado a otro del viejo río. La delicadeza de las formas, el profundo estudio y la obsesión por llevar a los límites la capacidad y características de los materiales. Puentes de peso infinito, en los que circula un gran flujo de tráfico parecen flotar, son etéreos, se desvanecen y su peso queda reducido a un ínfimo punto en que descansan.
Otro elemento esencial del proyecto es el "Umbracle", una gigantesca pérgola que debía estar cubierta de hiedras, pero que debido al limitado tamaño de las jardineras, no crecieron como se esperaba. Triste metáfora para ilustrar lo que ha sido la arquitectura moderna: estructuras inimaginables que en planos incluyen un fuerte componente de funcionamiento orgánico, pero con fallas en su planificación que limitan el crecimiento y evolución de la parte orgánica. Formas espectaculares desconectadas de la función, el arte por el arte.
El éxito del ingeniero Calatrava, por desgracia, se opone al fracaso del arquitecto Calatrava. La ciudad puede sobrevivir sin puentes que resumen toda la evolución de la ciencia y la ingeniería en dos puntos de apoyo minúsculos, pero queda permanentemente dañada cuando se le arranca la legibilidad, la escala y la proporción.

domingo, septiembre 14, 2008

Estudio - La personalidad de Quito

Se casó temprano. Ahora, que han pasado largos años, no recuerda bien qué le motivaba en esos días. El frío que nuevamente se cierne sobre Quito dispone su guardarropa, aunque ella no le pone muchas objeciones. Viste de negro, de gallinazo dirían algunos abuelos, y corona su atuendo con una gruesa chalina de lana, que estira dificultosamente hasta proteger su boca del frío. Va a misa casi a diario y se confiesa con compulsividad, golpeando su pecho con fuerza sacada del peso que un par de pecadillos misericordes ejercen sobre su alma atormentada. Sistemáticamente y sin necesidad de explicaciones freudianas, olvida confesar su mala voluntad, su intolerancia y su traviesa invasión a la privacidad de las que son víctimas propios y extraños.
Pecados reales, épicos, de aquellos que, de pillarle la parca sin confesión, la arrastrarían directo al Infierno con todos sus miedos y su mojigatería tiene pocos. Ninguno, en realidad, pero es más fuerte la costumbre, la historia y los años dedicados a diligenciar los caprichos de la curia mediante mentiras piadosas y puntuales limosnas.
Emerge, renovada y absuelta, de sus citas con el confesonario y se pierde entre los zaguanes de las tiendas y de las casas vecinas, su gigantesca y solemne chalina bien enrollada alrededor del brazo y con la cara a medio tapar. Va de visita en visita, rebuscando material para sus tertulias, santiguándose algunas veces, murmurando alguna maldición otras. Su pelo recogido, impecable, en un moño con algunas canas visibles le aporta algo de elegancia, que ella se esfuerza por recalcar, tal vez más de lo debido.
Las desencajadas piedras de un lóbrego zaguán que huele a orinas de gato, madera vieja y polvo y que guarda los centenarios ecos de una pesada puerta con aldabas de hierro forjado y goznes chirriantes enmarcan casi a la perfección el halo trágico que dan la pesada chalina, la cara a medio descubrir y un caminar dubitativo e inseguro. Los años, el frío viento andino, la neblina y la atmósfera de después de pasar la lluvia lo coronan.
Las ciudades tienen personalidad, que no necesariamente es la de su gente. Aunque su gente termina por parecérsele, tal como un perro fiel guarda la semblanza del amo cariñoso que le estampó su vida y su sentir. A veces, esa personalidad rebosa las páginas de un libro. Su autor, tal vez sin proponérselo mucho más que como un recurso literario para contextualizar su obra, nos regala un personaje más, nos adentra en una subtrama que nos atrapa y la sentimos propia. Joyce, a pesar de su displicencia para con Dublín, le hizo escenario de sus relatos y cuentan que se enorgullecía de que siguiendo la descripción del Ulises, se podría reconstruir la ciudad si ésta algún día llegase a desaparecer. Con similar precisión, en los libros de Carlos Ruiz Zafón convivimos con una Barcelona fina y angustiosamente labrada, oscura, desgarradora, que ejerce sobre sus habitantes todo el peso de un sino trágico y que cobra vida a los pies de los personajes de sus libros. Y qué decir del París de Baudelaire o Víctor Hugo, del Buenos Aires de Cortázar y Borges o de Quito...
Quito, ese personaje que acompaña nuestro vivir y que lo sentimos cercano, aunque nos costaría armar más de un par de frases coherentes para describirle, es nublado a pesar de sus días de sol. Es frío a pesar del tórrido verano. Su cara se esconde a medias bajo la neblina. Su ropaje, desprovisto de color. Su alma, triste. Quito se antoja como una viejecita que observa la vida pasar tras la puerta entreabierta de un zaguán, con más memorias que esperanzas y con miedo hasta de un frío que nunca llegará a sentir, en virtud del pesado manto de lana que lleva a rastras y le protege de una vida que, de todos modos y quizá incluso a su pesar, sigue su marcha afuera, lejana.

lunes, agosto 25, 2008

Hombres sabios

No necesariamente son Jack Daniels, Johnnie Walker y José Cuervo. Esos saben otras cosas. Estos son seis, aparentemente de la India, como dice el Alfonso Reece en su editorial de hoy, pero yo los conocí por Gerritt Knaap, un profesor de economía urbana que se empeñaba en reducir la ciudad a fórmulas y gráficos econométricos. De todos modos, conocía bastante bien el funcionamiento de la ciudad, así que sus gráficos si bien no me sirvieron para nada, el tipo tenía bastante más que enseñar.
Bueno, el punto es que llegaron seis ciegos, que querían conocer al elefante. El uno le tocó las orejas, y dijo que el elefante era como una sábana. El segundo le tocó la trompa y dijo que era como una serpiente. El tercerlo dio de frente con el cuerpo y dijo que el elefante era como una pared. El siguiente agarró la pata y dijo que el elefante era como un árbol. El quinto tocó el colmillo y dijo que era como una lanza y el último cogió la cola y dijo que era como una cuerda.
Todos estaban equivocados, pero todos tenían la razón. Ese es el problema de la ciudad. Los arquitectos, con el ego que nos caracteriza, e influenciados por las facturas de Rem Koolhaas y las estupideces corbusianas que aún aprendemos en la universidad, vemos a la ciudad como una maqueta en la que todo es lindo. Los políticos la ven como un cuadro costumbrista, los sociólogos como un laboratorio y los activistas como un juego de suma cero.
Cada uno, en su capacidad, la va cagando, poquito a poquito, y el liderazgo que asuma esas diferencias y juegue con ellas para encontrar un punto de equilibrio no parece asomar... mucho menos ahora que el Alcalde se queda callado ante el caos resultante de las manifestaciones de campaña. ¿O será que el man está tratando de que su majestad no se enoje y le dé la candidatura para la tercera vuelta?
Creo que hemos tenido una aceptable gestión en los últimos dos periodos. La mejor que los líderes existentes pudieron hacer. ¿Será que ya cambiamos?

lunes, agosto 11, 2008

De regreso?

Parecería que de regreso. Y con nuevos temas para deleite de la familia ecuatoriana. Uno logra ver a Quito de manera diferente, cuando no la ha visto en algún tiempo. Llegué a ver una ciudad que no ha cambiado en nada, pese a las escaladas tensiones políticas y a la omnipresente cara del huairapamushca.

Quito se percibe hacia afuera como una ciudad inmutable. Eso podría ser bueno, podría significar una Quito altiva, con estabilidad y continuidad en su conducción y en marcada ruta hacia el desarrollo.

Pero la realidad es distinta. La ciudad crece exponencialmente aunque sin evolucionar y esa inmutabilidad la hace estática, la ancla. No son las montañas ni el clima, es la sociedad en su estado actual la que define a nuestra capital: alienada, agresiva, volátil e incomprensible.

Una ciudad cuya intelectualidad propone, cuya ciudadanía demanda y cuyo gobierno provee espacios democráticos de encuentro, se tropieza con que su realidad la ha vuelto paranoica y desconfiada. Necesita enjaularse y atrincherarse para contener su percepción de inseguridad tanto frente a la política como frente al tráfico y la delincuencia.

Hay un divorcio entre la urbe que nos venden y la que vivimos a diario. Es la ciudad del más fuerte, del que más multitudes logra levantar, del que coquetea mejor con el poder, del conductor más agresivo y del que logra descontar el vuelto exitosamente.

Mientras el Gobierno condiciona su trabajo a las encuestas con la mira en el siguiente triunfo electoral y el Municipio intenta por la fuerza dotar a Quito de un aeropuerto de nivel internacional e instalar un modelo de ciudad turística y emprendedora por encima de las leyes del mercado, la ciudad y el país reales se polarizan, se desangran, se detienen y desperdician tiempo precioso.

El actual modelo, que privilegia la burocracia y la ineficiencia institucional, no ataca directamente las disfunciones en la interacción social, nuestros graves síntomas de agresividad ni nuestro nulo sentido de convivencia.

De un lado se nos vende una ciudad enmarcada en las tendencias más modernas de desarrollo y gestión pública, con proyectos urbanos exitosos y una calidad de vida envidiable. Del otro, se nos vende esperanza, optimismo y una nueva sociedad en una campaña vacía de fundamento que oculta el insulto, la burla y la represión.

Ocupados en sus batallas políticas y jugándose por una propuesta que privilegia formas fracasadas de manejo de lo público y de intervención en lo privado, al poder no le interesa la convivencia pacífica en una sociedad sana y cohesionada, que finalmente es la que guía el crecimiento ordenado de las ciudades.

Cuando se coartan las libertades, tanto económicas como civiles, se reprimen el dinamismo y la innovación y se degradan las relaciones sociales. Por lo tanto, una revolución gatopardista y una administración municipal que tapa sus falencias estructurales con el éxito relativo de sus grandes proyectos – por más críticos, necesarios y pendientes – solo pueden restringir la evolución de la ciudad.

Solo una ciudadanía participativa que discierna y se cuestione, puede generar los valores urbanos y sociales necesarios para construir ciudades que acojan e inviten a crear, a producir y a crecer junto con ellas. Y esa, a juzgar por la inmutabilidad de la ciudad, la parsimonia de su gente y la aceptación tácita de un destino trágico es lo que, tal vez, nos impide generar liderazgos de calidad y no mediocres copietas de líderes fascistas de mediados del siglo 20.

De regreso a Quito, uno ve más que eso, ve una oportunidad, una hoja en blanco para trabajar... ese fue el verdadero regreso, volver a ver la misma ciudad, pero con distinta perspectiva.


miércoles, junio 25, 2008

Encuentros cercanos de tipo arquitectónico

Las joyitas que uno se encuentra caminando por la calle. El Kralingen, que es uno de los barrios del Rotterdam viejo, sobreviviente del bombardeo, rodea un lago artificial llamado Kralingse Plas y, ahí, medio escondida, al frente y con la vista al agua, me encontré, sin saberlo, con esta casa que representa un poco lo que dice Léon Krier, sobre que existen dos tipos de arquitectura moderna, la que es un monumento al ego, la de los edificios institucionales, hospitales, escuelas, cortes, y la pequeña, adaptada al entorno, individual, con personalidad propia. La casa fue diseñada por Mecanoo (aclaración del Arq. John Dunn, la cual agradezco).
El juicio sobre la validez de integrar los dos tipos de arquitectura que se ven en la foto de la cuadra o sobre la necesidad de seguir diseñando edificios clásicos, como predica Krier, en la época actual, con la tecnología y las inmensas posibilidades y creatividad que existen, se los dejo a ustedes. Pero creo que la capacidad de utilizar los elementos clásicos de la arquitectura, los elementos clásicos del urbanismo e integrarlos a la vida actual, puede ser interesante.
Este tipo de iniciativas que integran el urbanismo tradicional a las nuevas propuestas de diseño es visible en la regeneración de los muelles en Amsterdam, en la reconstrucción del Roombek en Enschede, devastado por la explosión de una fábrica de fuegos artificiales, y en la rehabilitación del Katendrecht, en Rotterdam (link externo, en holandés).
Seguramente en su comodidad, inundado de luz y con espacios diseñados a su medida, el dueño de esta casa está de acuerdo...

domingo, junio 01, 2008

La ciudad es de todos

" 't Stad is van iedereen" dice el banner, encontrado en Amberes, Bélgica, en una de las más aniñadas, peluconas y comerciales calles de la ciudad. La frase, que conocemos bien en versión criolla, dice "la ciudad es de todos". Nótese la diferencia, solo por la falta del "ya", con el slogan del gobierno.
No reivindica, sino que recuerda. No genera revancha sino que incluye. Cuánta diferencia hace un pequeño adverbio. Ojalá la intención no sea precisamente polarizar, excluir, indignar o manipular.
La ciudad (o la Patria, acá estoy extrapolando), ¿puede ser de todos en papel, llámese Constitución o Contrato Social o como sea, si no lo es culturalmente?
El presidente juega a la suma cero y no particularmente para beneficio nacional. No sé si no entiende más o no conoce otra forma, pero le convendría conocer la existencia de los juegos de suma no nula, sobre todo cuando no es él contra algún adversario, de tantos que tiene, en encarnizado combate singular, confundiendo los conceptos de "Rafael Correa" con "el Estado" (en una especie de reedición de "L'Etat, c'est moi") y el de la animadversión personal con el "enemigo del Estado".
El hecho es que la ciudad es de todos. Las divisiones culturales y de clase se mantienen y la principal lucha que un gobierno verdaderamente revolucionario haría sería incidir sobre la educación. Dar educación de calidad a toda la gente, como sí lo hace el Municipio de Quito, por ejemplo, con sus colegios que ofrecen Bachilleratos Internacionales y demás, que no están bajo el control de delincuentes como los colegios públicos de la UNE, eso sería revolucionario.
Los slogans (¿eslóganes?) suenan lindos, y contribuyen a la vida urbana como un recordatorio o como una exhaltación de lo que hemos logrado juntos, pero son vacíos si es que realmente no se ha logrado nada. Mucho menos si la polarización es tal que cada vez la ciudad es de menos: se imponen los delincuentes, los choferes y los grupos de intereses especiales que se toman el espacio público e impiden trabajar... mientras la ciuadanía que sobrevive de su trabajo y que necesita producir para comer está cada vez más aislada y sitiada en su propia ciudad.
La reivindicación de la ciudad (o la Patria) que "ya" es de todos apunta a la división y al revanchismo en lugar de a la convivencia y la inclusión. ¿Nos están vendiendo una revolución vacía? No hay contenidos ni verdadero cambio, solo frases propagandísticas. ¿Comemos cuento o hacemos una ciudad para todos, sin revanchas ni ajustes de cuentas?

lunes, mayo 19, 2008

Guápulo

Hace justamente un año, gracias a la gentil invitación de Gonzalo Ortiz, fui recibido en Comisión General en el Concejo Metropolitano, para exponer un problema que se veía venir. Las consecuencias del derrumbe en Guápulo han demostrado la apremiante necesidad de tomar medidas correctivas en cuanto a la aprobación de nuevos proyectos inmobiliarios y al control de edificaciones informales. Sobre todo en áreas protegidas.

El sentido común, más que los años en las facultades de ingeniería o arquitectura, nos advierte sobre los peligros de la construcción en laderas. Sin embargo, la economía en épocas revolucionarias obliga a utilizar mano de obra poco calificada, realizar peligrosos ahorros en materiales, obviar códigos de construcción y prescindir de la participación de profesionales calificados.

En casos extremos, incluso se prescinde del Municipio, escudándose en la complejidad de normas, en la poca capacidad de reacción de las comisarías y en la cantidad de casos que hacen casi imposible la labor de control.

Esa informalidad, sumada a la precariedad de las construcciones y multiplicada por la cantidad de veces que esas prácticas se repiten, crea las condiciones para las desgracias como el último derrumbe en Guápulo – reedición de los de hace un año y de todos los anteriores – con los damnificados y pérdidas materiales consiguientes.

La dificultad para obtener la aprobación de permisos de construcción, la abultada tramitología que exige la anuencia de más dependencias de las que podría enumerar en este espacio y los costos asociados son suficiente motivación para construir precariamente y sin permiso. Adicionalmente, la complejidad de las regulaciones y la discrecionalidad asociada al proceso de aprobación impiden que proyectos que respetan el tejido histórico, los códigos constructivos y las condiciones topográficas sean la norma.

Mi propuesta, que recayó por encargo del Alcalde sobre la Comisión de Áreas Históricas presidida en ese entonces por la concejal Macarena Valarezo, pretendía unificar el proceso de aprobación en una comisión formada por las entidades que participan del proceso, los vecinos y la comunidad en general. Para la aprobación del proyecto se requeriría, en una reunión ampliada, el cumplimiento de los requerimientos legales. Este proceso profundizaría la democracia mediante transparencia, participación comunitaria y satisfacción pública de los requisitos necesarios.

Es importante, además, extender el uso de un instrumento que ha probado ser efectivo en La Mariscal, que es el establecimiento de una “gerencia” que se ocupe directamente del funcionamiento del sector.

Cualquier acción que pretenda preservar la seguridad en lugares como Guápulo, con edificaciones en laderas y un delicado tejido patrimonial, será posible únicamente si se transparenta y simplifica la normativa existente. Pero eso requiere voluntad política, visión a largo plazo y un entendimiento profundo de cómo funciona la ciudad.

domingo, mayo 18, 2008

Crítico de críticos

El Dr. Garry Stevens, ácido crítico de la arquitectura y de su estado actual, de la mediocridad de las facultades y de la mala economía, tiene algo en contra de Peter Eisenman. Al igual que quienes habitan o trabajan en sus edificios. No soporta a los críticos y detesta su falta de objetividad. Se burla irreverentemente de iconos como el propio Eisenman, Zaha Hadid y humilla desafiantemente a miembros del establishment arquitectónico como Richard Meier. Algunas de sus perlas (con traducción mía):

The elites seek only images. The client or the user is the last person they want to satisfy. Their audience is the editors of the glossy magazines, the historians, and the jury committees of the grand prizes. No great architect ever lost their place in the history books because their clients and users despised their buildings. Who cares what they say?
Las élites (arquitectónicas) buscan solo imágenes. El cliente o el usuario es la última persona que les interesa satisfacer. Su público son los editores de las revistas, los historiadores, los jurados de los grandes premios. Ningún gran arquitecto perdió su puesto en la historia debido al malestar de los usuarios de sus edificios. ¿A quién le importa lo que ellos digan?

We never cease to be impressed by architecture's intellectual parasitism. Magnificent though the best of their creations are, architects really should stick to designing great buildings, rather than adopting crackpot half-understood theories to justify their creativity. Nothing is sadder than seeing a first-class building designer trying to justify himself or herself with claptrap that would not pass muster in Philosophy 101.

No terminaré de sorprenderme con el parasitismo intelectual de la arquitectura. Por más magníficas que sean sus creaciones, los arquitectos deberían remitirse a diseñar grandes edificios, y no a adoptar teorías medio entendibles para justificar su creatividad. No hay nada más triste que ver un diseñador de primera clase tratando de justificarse con palabrería que no pasaría PHIL101.

People, it seems, get in the way of architects and architecture. Take a look through any of the glossy architectural magazines, those showcasing the talent, and one cannot but be struck by the absence of people in the photographs. The supreme exemplar is the recently published magnum opus, the Phaidon Atlas of Contemporary World Architecture. Wherever possible it seems the photographers vacate the buildings and surrounds, to present the building as a pristine "objet d'art", uncontaminated by users, clients and inhabitants.
La gente, parecería, se interpone en el camino de los arquitectos y la arquitectura. Viendo cualquiera de las revistas arquitectónicas de moda, aquellas que muestran el talento de los arquitectos, uno no puede evitar notar la ausencia de gente en las fotografías. El ejemplo supremo es el recientemente publicado Atlas de Arquitectura Contemporánea de Phaidon. Parecería que los fotógrafos vacían los edificios y sus alrededores, para presentar sus obras como prístinos "objet d'art", que no han sido contaminados por usuarios, clientes o habitantes.

Sobre Zaha Hadid, nos cuenta cómo convertirse en un arquitecto famoso sin construir ni un solo edificio.
Sobre Peter Eisenman, relata cómo un genio puede sobrevivir sin cerebro.

Acusado de ser amargado, seguramente habrá quien le recrimine el no tener ningún edificio construido y por supuesto, la academia completa se le debe ir encima por permitirse contar que el arquitecto más célebre de los Estados Unidos, Frank Lloyd Wright, no tenía título de arquitecto. Qué importante que este tipo de personas nos diga una que otra verdad, aunque a la mayoría de arquitectos nos duela...

martes, mayo 06, 2008

Amberes

Un importante nuevo interés sobre el disfrute del espacio público inspiró estas fotos tomadas un domingo cualquiera en la ciudad flamenca de Antwerpen (Amberes).






lunes, mayo 05, 2008

Se derrumba el municipio

De nuevo un derrumbe en Guápulo, de nuevo damnificados, propiedad perdida, recursos malgastados, irresponsabilidad, informalidad y sapería.
Es una cadena de hechos, las construcciones ilegales, la opresiva y torpe regulación para construcción en áreas históricas, protegidas o de ladera, la indefensión, la nula dependencia en el sistema jurídico, la poca proteccion de derechos de propiedad y la inoperancia de quienes están llamados a desarrollar soluciones definitivas.
La dependencia de la Zona Centro no ha sido efectiva ni eficiente, como se pudo constatar en las edificaciones ilegales que se construyeron, con la poca prioridad que le dio el municipio a los casos de Guápulo, por el increíblemente lento debido proceso y por la cantidad de casos que deben ser ventilados en el perímetro del Centro Histórico. Se les escapa de las manos, no son eficientes para manejar la zona centro, mucho menos un apéndice lejano como Guápulo. Los problemas son, además, mucho mayores que una manito de pintura o un murito de contención. El Municipio ha probado su inutilidad. Se derrumba con igual facilidad que las peñas que ignora invierno tras invierno.
Es necesario crear una gerencia de Guápulo tal como se hizo en la Mariscal, para desarrollar el potencial de la zona, regularizar la cantidad de emprendimientos y edificaciones informales, desarrollar una normativa de diseño y un plan barrial de racionalización del tráfico y el parqueo, potenciar el sistema de espacios públicos, implementar una estrategia de turismo y recuperación de espacios y estructuras históricas, pero por sobre todo, regenerar la actitud, el orgullo, la apropiación, la identidad y la alegría de los residentes y comerciantes que hacen Guápulo y que son los más idóneos para llevar el estandarte de la recuperación de una zona que es, más que un barrio tradicional de Quito, un potencial de recursos para la ciudad, para el cabildo y para quienes decidan emprender aprovechando las oportunidades que brinda la zona.

martes, abril 15, 2008

Istanbul invisible

A horcajadas entre Asia y Europa, cortada por el estrecho del Bósforo y situada sobre la memoria de la Bizantion griega, la Constantinopla romana y la capital otomana se erige desparramada en sus colinas y abrazando al mar de Mármara, al Bósforo y al Mar Negro Istanbul.
Si tuviera que describir a Estambul en una palabra, tendría que ser "verde". Está fuera de nuestra lógica el ver una ciudad que, a diferencia de nuestro maltrato diario a la naturaleza, nuestra más bien disfuncional relación con el agua y la cacofónica realidad urbana que nos envuelve día a día, vive en continua comunión con su entorno. Hay distintas cosas que impresionan de los lugares que aún se merecen el calificativo de impresionantes. No tantos, cada vez menos, uno termina siendo una especie de adicto al asombro, y cada vez se necesita más para lograr algún movimiento interno. A veces, muy de repente, aparece un lugar que con la simpleza más grande y con la sencillez de un rayo de sol, con un tono de verde particular o con un nombre resonante terminan por constituirse en paradigmas.
En las miles de palabras que pueblan mis recuerdos escritos de La Habana, Buenos Aires, Tanger, Beirut o Praga se dibujan edificios, plazas, personas, cafés, montañas o ríos. Los miles de recuerdos evocan objetos tangibles. En eso, quizás, Istanbul es diferente a todas las demás. Me sorprendió el poco interés que suscitaron estructuras milenarias contrastadas con el inmenso impacto de una mano intangible... Istanbul es su relación con la naturaleza. Es el cuidado y la comunión con ella como parte necesaria, fundamental y básica del entorno. Es un saber vivir, como lo han hecho por miles de años, luego de ser el centro de dos mundos tan distintos y capital de dos grandes imperios, de parir dos civilizaciones tan majestuosas y de crecer y fortalecerse en su dualidad.
Istanbul es una de esas Ciudades Invisibles que el Khan escuchaba relatar a Marco Polo... la que es verde y su entorno natural no lucha con su entorno construido, la que encuentra en su historia su razón de ser y la utiliza para guiar su crecimiento, la que guía cual faro a las despistadas poblaciones vecinas, la que tiene su memoria intacta y la revive, la que no se puede tocar, a la cual siempre regresamos, la que nunca más encontramos...
Escribo sobre intangibles, indescifrables, indescriptibles... escribo sobre un árbol torcido en Beyoglu o sobre una jardinera en Sultanahmet o los maravillosos espacios verdes que separan la Hagia Sophia de la Mezquita Azul; sobre una de las cientos de fuentes de agua y sobre el tesoro que legó a esta ciudad el ser uno de los polos de desarrollo de la civilización Occidental y de ser la capital de uno de los imperios que propagaron el Islam y su íntimo idilio con la naturaleza, el agua y el entorno.
Los detalles, secundarios. El desayuno turco en el Bósforo, el malecón que camina junto al estrecho hasta la costa del Mar Negro y el paso a Asia por el mismo lugar donde lo hizo Darío hace miles de años para invadir Grecia o los tranquilos paseos entre árboles de todo tipo en Bagdat Caddesi pero por sobre todas las cosas, encontrar el punto perfecto de encuentro entre la delicadeza y el lujo otomanos y el derroche y el complejo arte cristianos que hacen de esta una de las ciudades más vivibles y más amigables que conozco.




jueves, abril 03, 2008

Revolución Gremial 2

Ante el coyuntural debate sobre el futuro de las asociaciones gremiales, habría que profundizar en la discusión de su estructura y propósito, como organizaciones que generen discusión y crecimiento hacia su interior y conciencia sobre el estado y el aporte de la profesión hacia el exterior.

Más allá del saludable ejercicio democrático que supone la elección de dignidades, y de los beneficios adicionales que reciben los agremiados, la motivación principal de la agremiación se basa en la necesidad de protección por parte de un ente que represente y que sirva de interlocutor con instancias oficiales y ante la sociedad. Pero, ¿hemos hecho un ejercicio de conciencia para reflexionar lo que realmente nos une?

Las asociaciones parten de puntos de encuentro como profesiones, lealtades deportivas o hobbies. Al ser estos elementos exógenos a la persona, no toman en cuenta puntos comunes en materia de ética, de principios o de conductas. Dos hinchas, aunque compartan el inmenso amor por su equipo, no son igualmente virtuosos debido únicamente a su calidad de hinchas, tal y como un arquitecto, por serlo, no es automáticamente un profesional a prueba de todo juicio.

Se vuelve crítico, ante la coyuntura, identificar las oportunidades que aparecen. De ahí la necesidad de construir colegios profesionales cuyos miembros, libre y voluntariamente asociados y sin que la pertenencia implique requisito para practicar, replanteen su función, dejen de ser clubes con el espíritu de cuerpo como principal adhesivo y pasen a ser centros de pensamiento sobre el presente y el futuro de las profesiones, que motiven la reflexión, las publicaciones, la experimentación y que sean lo suficientemente modernos y atractivos como para generar un importante sentido de apropiación y autoestima.

La preocupación, comprensible, de los diversos presidentes gremiales sobre el futuro de sus respectivas asociaciones, se basa en cómo verían reducirse el número de afiliados, de cómo advenedizos sin calificación harían competencia desleal supuestamente desprotegiendo a clientes y profesionales y sobre el destino de los tribunales de honor, ante los cuales obligatoriamente debe responder todo profesional cuestionado.

Se podría, por ejemplo, realizar campañas de información ciudadana encaminadas a generar conciencia sobre el valor de la práctica profesional y sobre los beneficios de la afiliación voluntaria. Sobre el advenimiento de gente que ejerce una profesión sin calificaciones, más allá de la realidad que vivimos, en la cual esos casos son más la norma que la excepción, las violaciones éticas serían un tema para las cortes, y no para tribunales especiales compuestos de los propios miembros del gremio.

Gremios asociados voluntariamente en torno al desarrollo de sus respectivas profesiones tendrían a la ética y al profesionalismo como parte integral de su devenir, y no al amparo de los profesionales y la vigilancia de su conducta como razones de ser.

sábado, marzo 22, 2008

Quito Honesto

En estos días de patrioterismo exaltado, es importante tener en cuenta algunas aristas que surgen indirectamente debido al conflicto. Sorprende el silencio del Alcalde y de los concejales (aunque más de uno esté de hecho en un larguísimo minuto de silencio por la muerte de quien considera "luchador por la paz") con respecto a algunos temas que se han destapado a raíz del conflicto. La declaración, unánime por cierto, de apoyo irrestricto al Presidente Correa en su defensa de la soberanía ni siquiera menciona la doble violación a la soberanía, ni la duración - meses, según dicen algunos expertos - de la presencia en nuestro país de grupos que están en guerra contra el Estado colombiano.
No ha habido mención, tampoco, a ningún nivel, del extraño auspicio que dio la municipalidad al famoso "encuentro bolivariano" que no parece ser más que un aquelarre en el que haciendo una pausa a sus actividades cotidianas, cantan juntos la ETA, las FARC, el Chavismo y grupillos de boinas rojas, prototerroristas ecuatorianos que afortunadamente ahora no luchan contra el Estado burgués porque ya "les dan luchando" desde el poder.
El silencio de una administración que se precia de ser democrática debería ser punto de discusión. ¿Estamos llevando a la democracia liberal a un punto de no retorno, en el cual siguiendo los principios liberales de respeto a toda manifestación y a la libertad de expresión y pensamiento, permitimos iniciativas que buscan demoler el sistema y revertirlo hacia una idea medio oscura de totalitarismo y medio romántica de revolución y "buen vivir" (como en Cuba)?
Parecería que si. Y con la ayuda del Ilustre Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, nada menos.
Nadie dice nada sobre esos nefastos auspicios. Quizá por alguna lógica electoral, quizá por una mezcla deleznable de ignorancia, indolencia y quemeimportismo o quizá debido a las encarnizadas intrigas y combates internos - y a veces externos - por captar la candidatura del partido ganador a la alcaldía de Quito. Pueden más la corrección política, la sed de votos, la obsesión por no enfadar a nadie y la mojigatería.
Nadie habla al respecto, y de entre todos esos nadies, sorprende más el silencio de don Simón Espinosa, cruzado anticorrupción del distrito.
Ni una palabra, ni una mención, silencio al igual que nuestros representantes elegidos. Con toda seguridad, en el caso de don Simón, no se debe a ninguna de las razones expuestas arriba. Puede ser que no lo encuentre de suficiente importancia ¿o es una muestra del estado de catarsis e indolencia de nuestra sociedad?
Sin permear la objetividad del análisis con juicios ideológicos, la reflexión sobre el proceso de concesión de auspicios y la influencia que una sociedad mojigata ejerce sobre el comportamiento organizacional de la administración pública, nos muestra el resultado de la discrecionalidad de los funcionarios municipales que no caen en cuenta de que están premiando a quienes quieren demoler el sistema en el que ellos mismos subsisten. Bien sea por ignorancia o por dejadez. Y por otro lado, nos muestra la pobreza de los procesos, la inexistencia del Imperio de la Ley y la poca coordinación al interior del aparato municipal.
Este tipo de crisis son beneficiosas, por cuanto destapan falencias en la conducción de la cosa pública de cuya reforma nos beneficiaremos todos los quiteños. Haría bien a la ciudad y al funcionamiento de su administración el que Quito Honesto se pronuncie y nos explique a los quiteños cuál fue el proceso y qué guió esos auspicios.

jueves, marzo 20, 2008

Interesantes lecciones para planificadores tercermundistas

Los códigos morfológicos ayudan al establecimiento de un concepto de diseño. No es su intención determinar el diseño ni obligar al profesional a cambiar su estilo. No se trata sino de pautas que permiten la realización de un entorno coherente, sin uniformar los estilos. Mientras más generales son, más espacio para la creatividad del arquitecto. Hacen referencia a alturas, perforaciones, ritmos, retiros, detalles y materiales, además de algunas consideraciones funcionales como accesos o garajes.
Buena falta le hace un código morfológico a lugares como Guápulo, donde cada uno hace lo que le da la gana, y el pesado aparato burocrático no tiene la capacidad de reacción para detenerlo. Mediante la introducción de guías, incluso los constructores que ahora "diseñan" edificaciones en zonas como Guápulo tendrían pautas para diseñar.
En la ciudad de Enschede, Holanda, en el año 2000 hubo una explosión de una fábrica de juegos pirotécnicos, que acabó con más de 40 Ha de área urbana. Siete años después, ya se ve un avance en la construcción del nuevo corazón de Enschede, "Roombeek".
El diseño de las casas responde a criterios propios de cada arquitecto, incluso algunas estrellitas de navidad holandesas, pero su aprobación pasa por las manos de Peter Bruin, el arquitecto en jefe, quien acepta o niega los proyectos incluso en base al diseño. El diseño, por supuesto, debe estar elaborado basado en las pautas que un código morfológico un poco más estricto que lo usual, que habla incluso de materiales. La creatividad queda intacta, y el resultado no es un barrio uniforme y poco innovador, sino más bien dinámico, diverso pero enmarcado y, sobre todo, contextualizado.


viernes, marzo 14, 2008

Borneo Sporenburg o el replanteo del urbanismo tradicional

Partamos de que no es requisito destrozar el tejido urbano para hacer arquitectura moderna. El plan maestro de West8 para el Borneo Sporenburg de Amsterdam, los antiguos terrenos del puerto que fueron abandonados paulatinamente, y ahora han sido tomados como un experimento, o mejor como un programa piloto, de cómo se puede practicar un urbanismo sensible, sensato y contextualizado, incuyendo soluciones habitacionales de todos los estratos, desde apartamentos pequeños en edificios de alta densidad y altura media, multifamiliares de mediana densidad y baja altura, y casas unifamiliares. El experimento, más que de convivencia de gente de todo tipo de origen y estrato social, es exitoso porque plantea una revisión del urbanismo tradicional holandés, con lotes de frente muy delgado, alrededor de 4 m, profundidad de alrededor de 11 m y 4 pisos de altura. El planteamiento de los edificios individuales pertenece a distintos arquitectos, pero el éxito de haber introducido una mirada contemporánea al urbanismo tradicional merece estudio más profundo.
El apego al contexto, el diálogo con el resto de muelles con estructuras antiguas, edificios nuevos de uso mixto, grandes bodegas rehabilitadas y puentes diseñados expresamente conforma un proyecto cohesionado, contextualizado y que nos prueba que el urbanismo tradicional sigue vigente y no es excluyente de las propuestas modernas en cuanto a estilos y diseño experimental.

domingo, marzo 09, 2008

OMA, Breda, van Egeraat y el futuro de la arquitectura


Llega un punto en el cual la arquitectura moderna simplemente no se entiende. La experimentación es necesaria desde el punto de vista de la modernización de la técnica, de la tecnología de construcción y del uso de materiales, entre otras cosas.
el Popstage Mezz de Erick van Egeraat es un ejemplo de cómo la arquitectura suelta las riendas de la experimentación con resultados... no necesariamente alentadores. El balance necesario entre una estructura novedosa, que rompa esquemas y proponga nuevos paradigmas rompe completamente con la armonía de la calle del distrito antiguo de Breda, al otro lado de la calle. El sitio era un antiguo terreno militar en medio del centro de Breda y el edificio que es insensiblemente devorado por la estructura de Egeraat era el comedor de las barracas. El espectáculo y la fuuncionalidad del Popstage Mezz en las noches de verano, a juzgar por la fotografía de la izquierda, cuando sus perforaciones se abren, tendría que compensar por el escaso diálogo, aunque el arquitecto diga lo contrario, que mantiene con el edificio de 1899 y por su escasa contextualización.
De todos modos, la integración que genera este edificio con la ciudad guarda sorpresas, propone, explora y también impone. Es el mejor manejo del contexto de todos los proyectos del Chasse, que es como se llama el proyecto de regeneración de las barracas, y que responde a un masterplan de OMA/Rem Koolhaas y al diseño urbano de West 8, los mismos creadores del Borneo Sporenburg en Amsterdam. El Popstage Mezz no genera un vacío irremediable, una sensación de angustia, de soledad y desolación que uno experimenta cuando circula por los senderos establecidos por OMA (abajo, izquierda), en los jardines que supuestamente "relacionan" los edificios que ahí se encuentran, cuyo diseño (abajo, centro y derecha), se ve fuera de contexto al tener un pegamento tan débil como un jardín (literalmente esa es la justificación de Koolhaas), y situarse en un conjunto que no se fija en el funcionamiento de la calle y que elabora muy poco sobre la conversación de las estructuras que estaban ahí antes.

lunes, marzo 03, 2008

La prueba contundente


Pues sí, en realidad no es imposible. Un manejo adecuado de códigos estéticos sí es compatible con un entorno totalmente comercial, incluso evitando la contaminación visual y sin invadir el espacio público. Como vemos en "la prueba contundente", incluso la comida chatarra ocupa un espacio de manera inconspicua y poco agresiva...
Lecciones del manejo del espacio público en Salzburg, Austria.

domingo, marzo 02, 2008

Quito, la globalización y la ciudad creativa

Durante la última ceremonia de entrega de los Oscars, Richard Florida (The Rise of the Creative Class, Cities and the Creative Class) se cuestiona que los ganadores, que antes habrían sucumbido ante la atracción de vivir en California, no vivan en Estados Unidos, y aduce que las razones son que las ciudades americanas no son atractivas, no ofrecen las amenidades necesarias ni cubren los requerimientos de lo que él llama la "clase creativa".
Esto de la clase creativa no es más que un segmento de mercado en los Estados Unidos, que se calcula alrededor de 40 millones de personas, quienes hacen de la creatividad su modo de vida. Científicos, Arquitectos, artistas, diseñadores web, publicistas... toda la gente que utiliza su creatividad como su recurso más importante para trabajar.
Su planteamiento, debatido y aún un poco dudoso, es que el tipo de amenidades particulares que la clase creativa demanda (cafés fashion, moda, instalaciones deportivas de primer nivel, tiendas particulares, muebles de diseño, objetos, aparatos electrónicos, bares, musica en vivo, restaurantes étnicos, de fusión, entornos históricos renovados, etc.) son catalizadores para la formación de clusters alrededor de los cuales se junta gente con gustos similares, y con salarios similares, que tienden a ser más altos que la media.
Esos clusters, según Florida, terminan por atraer empresas que apuntan particularmente a ese segmento con buen poder adquisitivo, no solo para ofrecerles productos y servicios sino para contratarles.
Sean o no ciertas las teorías de Richard Florida, es importante reconocer que una ciudad atractiva, que disponga de las amenidades que la clase creativa demanda, puede convertirse en un hub de servicios que explote el potencial de su gente, que utilice el "capital humano" de emprendimiento y creatividad para crear la riqueza que tanto necesitamos y empezar a desarrollarnos.

miércoles, febrero 27, 2008

Paradojas revolucionarias

Robado de "Caricatura Periodística, de Bonil"

viernes, febrero 22, 2008

Revanchismo, ni de un lado ni de otro

Esta es la historia de cómo una provocación académica resultó en una reflexión más profunda de lo que me pude imaginar. La profesora Kate Swanson de la Universidad de Glasgow publicó hace poco un paper que se llama algo como "el urbanismo revanchista va al sur", sobre cómo los proyectos de regeneración urbana de Quito y Guayaquil han negado los procesos sociales y han desplazado inmisericordemente a mucha gente y han creado sitios excluyentes que han privatizado el espacio público. En principio parecería la misma cantaleta que he oido repetidamente a Goetschel y Kingman sobre cómo el centro era mejor con los vendedores ambulantes.
Un email a Swanson resultó en un intercambio muy interesante. Si bien sus recomendaciones de literatura incluyeron a Kingman y su tenebroso "La ciudad y los otros" y su tesis es la consabida crítica a la "construcción" excluyente y discriminatoria que el Ecuador blanco-mestizo hace del Ecuador indio como "sucio", la discusión se tornó interesante cuando me puse a reflexionar sobre la construcción que el resto del mundo tiene sobre el Ecuador.
Las lecturas que se hacen desde afuera, y también desde el ámbito de quienes estudian antropológicamente al Ecuador indio, generalmente son bastante acuciosas y completas. Distinguen, identifican y catalogan al tejido social del país. La distancia que el observador toma cuando hace un estudio académico contribuye en tanto logra alejarse de potenciales juicios morales y sociales sobre los sujetos. Sin embargo, las construcciones que tenemos los blanco-mestizos no son absolutas. Es extremadamente difícil, incluso viniendo desde una cultura mestiza, esencialmente Occidental, clasificar al Otro sin prejuicios. En ese sentido, estoy de acuerdo con las posturas de Kingman o Swanson entre otros, de que el enfoque de la regeneración urbana de las ciudades en el país han dado prioridad a aspectos particulares del proceso de regeneración y no se han enfocado en los aspectos sociales, económicos y ambientales.
La vehemencia con que se ha utilizado incluso la fuerza para limpiar las calles responde a una perspectiva punitiva más que preventiva. No hay una reflexión sobre las realidades de las personas que deben migrar del campo a la ciudad para trabajar (ni un diagnóstico económico sensato de las causas), y esos problemas rara vez son discutidos.
El problema en el país, que lo tenemos todos, indios, blancos, mestizos, negros, es la falta de una cultura nacional, de un lugar de encuentro que considere a cada nación y a cada cultura, es decir a cada individuo, igual bajo las leyes y, como tal, poseedor de los mismos derechos y responsabilidades.
La Asamblea pretendió ser ese espacio, pero el revanchismo (ahí si palpable) con que se está conduciendo y la intención concentradora y centralizadora lo están impidiendo.
Nuestro país está plagado de contradicciones, estigmas, racismo y exclusión. Lleno de "otros" que no consideramos iguales y que, del mismo modo, no nos consideran iguales. Plagado de revanchismo.
Pero la construcción que tenemos desde nuestra perspectiva no es la única, como ya he dicho, sino que hay otra, tal vez más dañina, que asume un proceso constante de dominación, colonialismo, imposición de dependencias y otras formas de esclavismo, que pretende observar al Ecuador indio como inherentemente virtuoso, cándido y del cual el resto del país se aprovecha. Un Ecuador indio excluido y desplazado al cual se le limpia, sanitiza y homogeneiza, se le esconde y se le trivializa organizando festivales "culturales". Esta visión mayoritaria impide la integración social en tanto perpetúa una construcción igualmente peligrosa.
Yo me inclino hacia un respeto irrestricto de los derechos de las personas a expresarse, a reclamar su identidad cultural, nacional, religiosa, y hasta racial, pero no a reivindicarla a expensas de otros.
Me pregunto entonces, ¿cuáles son los valores de esa identidad? ¿que, en esencia, es la cultura? Está en la construcción de los blanco-mestizos o está en la construcción romántica de quienes no viven con la realidad del conflicto y que es igualmente dañina y que no discrimina entre manifestaciones culturales y expresiones que no necesariamente contribuyen a la coexistencia pacífica entre ecuatorianos.
La cultura verdadera está viva, quiere progresar, quiere incluirse y se ve arrollada por esas dos visiones absurdas de quienes no los entienden y los discriminan, y de quienes no los entienden y los matan con tanto amor. La verdadera cultura está esperando dejar de ser objeto de estudio antropológico y ser una parte activa en la construcción de una sociedad moderna que respeta la tradición, los valores, la historia y la cultura de cada uno de sus miembros, individualmente.
En el caso de la regeneración urbana de Quito, la cultura indígena, de la cual se preocupa desmesuradamente un sector de la intelligentsia, no está expresada en la "contaminación" que supuestamente aportan a las calles y espacios públicos. La coexistencia pacífica no debería estar condicionada a la tolerancia ante conductas en las cuales no están expresadas las culturas ancestrales, como la falta de higiene, la borrachera pública o el irrespeto a la propiedad privada (o comunitaria, si es que la quieren tener).
La cultura no está representada ni tiene que expresarse en este tipo de conductas. La "contaminación" o la suciedad son consecuencias de la falta de discusión sobre las causas reales de los problemas sociales, y de soluciones sostenibles que prioricen medidas preventivas en materia de salud, educación y el mejoramiento integral de los indicadores sociales que, en esencia, son los que separan a las diversas naciones que habitamos el Ecuador.

martes, enero 22, 2008

Revolución gremial

Aparentemente el Presidente de la República (?) ha puesto una demanda ante el TC según la cual es inconstitucional la obligatoriedad de afiliación a cámaras y gremios profesionales. Más allá de lo absurdo de que la Asamblea se pase la Constitución y Correa apele a esa misma carta para su demanda, tiene mucho fundamento.
Leo las declaraciones del Presidente nacional del Colegio de Arquitectos, y su preocupación sobre el estado de la profesión, de cómo en Guayas pasarían de 4700 a 40 los afiliados, y de cómo advenedizos sin calificación harían competencia desleal y ni el cliente ni el profesional estarían protegidos.
Yo veo más allá. Creo que la afiliación voluntaria obligaría a los colegios a replantearse su función, a dejar de ser clubes con el espíritu de cuerpo como único adhesivo y pasar a ser centros de pensamiento sobre el presente y el futuro de la profesión, que motiven la reflexión, las publicaciones, la experimentación y que sean lo suficientemente modernos y atractivos como para no experimentar un bajón dramático en términos de afiliación. Y una mayor apropiación de los profesionales que voluntariamente se afilien, por cierto.
Los términos y los requisitos para la afiliación podrían motivar un debate y un mejoramiento de la calidad de profesionales egresados, que tendrían que cumplir con requisitos mínimos para la afiliación y no solo la presentación del cartoncito, que bien sabemos que puede ser comprado en algunas de esas facultades fantasmas que pululan por el país.
Creo que el advenimiento de gente sin experiencia y sin calificación a ejercer la profesión le daría mucho más dinamismo, directamente motivando que la gente tenga que profundizar en el rol del arquitecto en la creación de ciudades y en la definición de los espacios en los que nos desenvolvemos: el ciente tendría que hacer algún tipo de averiguación, de estudio previo y sabría que solo con un profesional colegiado estaría seguro. Y la seguridad de los profesionales, por supuesto, estaría supeditada también a su afiliación.
Los miedos como el de Gustavo Pinto, presidente del Colegio de Ingenieros Geólogos, de que vengan "extranjeros" a trabajar, señores, es un riesgo al cual deberíamos estar sujetos. Si hay alguien mejor que nosotros que viene, está en nuestras manos trabajar para ser mejores, no buscar cobardemente la protección de las leyes, en detrimento del desarrollo de la profesión en el país.
Una pequeña luz al final del túnel, que se va juntando con la propuesta de Fander Falconí de reordenamiento territorial y hacen pensar que, Rafael Correa aparte, sí hay algo más en la revolución ciudadana que el abuso y la poquísima educación del presidente.

domingo, enero 20, 2008

Arquitectura del Absurdo

Nuevos libros, unos mejores que otros... Roger Kimball revisa en el City Journal dos de ellos, de esos que deberían olvidarse por misericordia, pero que lamentablemente, como anota Kimball, el ejemplo de Marx y de Keynes es que las malas ideas no solo que no se olvidan sino que se enquistan. Luego de semejante introducción, nos cuenta sobre el último libro de Peter Eisenmann, "Written into the Void. Selected writings from 1990-2004" y sobre un texto "esencial" que aparentemente está lejos de serlo, "The Architecture Reader: Essential Writings From Vitruvius to the Present". El comentario de Kimball es demoledor.
Sin embargo, hacia el final hace referencia a un nuevo libro de John Silver, ex Presidente de Boston University, filósofo y experto en ética, Kant y en la filosofía de la Ley. "Architecture of the Absurd. How "Genius" Disfigured a Practical Art" (Arquitectura del absurdo. Cómo el "genio" desfiguró un arte práctico). Silber hace una revisión sobre obras que se descontextualizan solas, como el Museo Judío de Berlín, estupenda obra de Daniel Liebeskind, que es un escenario casi perfecto para demostrar los horrores del holocausto, y constituye una obra con un guión poderosísimo y una impactante capacidad de conmover a quien lo recorre. Cada una de sus salas, la planificación de las distintas zonas, los materiales utilizados y los dramáticos efectos que Liebeskind consigue a cada momento del recorrido son testimonios del sufrimiento del pueblo judío, no solo durante la Shoah sino a lo largo de la historia.
Por desgracia, Liebeskind borra el significado y la carga emocional, partes integrales del éxito del edificio del Museo Judío, con sus extrañas fenestraciones que simbolizan los lugares de Berlín donde floreció el emprendimiento judío antes de la guerra, que han sido replicadas como elemento arquitectónico sin simbolismo en el Museo Real de Ontario, Canadá.
Silber también se ocupa del Centro Stata de MIT, que como ya comenté antes es objeto de grandes juicios porque simplemente no funciona. Además de permitir que se acumule el agua y la nieve, y de ser dudoso en su propuesta arquitectónica, no cumple con su función de procurar privacidad extrema a la unidad de criptografía de MIT, que en teoría es de extremo secreto, pero que en la práctica está en vitrina gracias al capricho de Sr. Gehry.

Si no desnudamos al emperador, va a ser muy difícil que podamos producir buena arquitectura. Los estudiantes deslumbrados con el producto insensato de los arquiestrellas como Koolhaas, Gehry, Liebeskind, Eisenmann o Coop Himmelb(l)au, lamentablemente no logran percibir de primera mano el absurdo que persiguen, las escaleras hacia ninguna parte, la mínima funcionalidad y el torpe manejo de espacio y geometría.
Es de esperar que la lectura de este libro nos dé una perspectiva crítica y, ojalá no sea esperar mucho, que se constituya en lectura necesaria y desarrolle un sentido de autocrítica en las facultades, en los colegios de arquitectos, y en los profesionales que deberían cuestionarse el aporte verdadero que están entregando a la ciudad. Después de todo, una pintura fea, una escultura mal hecha podemos pasarlas de largo, pero mamotretos como algunos de los arquicrímenes que vemos en Quito y elefantes blancos como el insultante complejo de Montecristi tenemos que padecerlos irremediablemente a diario.

miércoles, enero 09, 2008

Reflexión sin título

Los sistemas estéticos particulares de cada lugar son propios y se van forjando a lo largo de siglos, décadas por lo menos, sujetos a factores como el clima, la geografía o las condiciones del entorno, e incluso la política, las influencias o la apertura y, también, la visión de sus líderes. La modernidad nos llegó como un paquete cerrado, traída desde afuera por un par de visionarios, adoptada como moda por un puñado de fantoches e impuesta tormentosamente sobre un pueblo que no la entendió pero que la sigue viviendo, aunque a horcajadas entre su crisis existencial y su búsqueda de raíces propias, que no son precisamente las occidentales.
Pero, eso sí, con laptop, celular y página en Facebook.
La calidad del entorno, consecuentemente, responde a los sistemas estéticos de cada sociedad. Milan Kundera y Franz Kafka no aparecieron de la nada. Nacieron en un lugar misterioso, fantástico, perdido, inalcanzable y escribieron lo que vieron, tanto como el Gabo no se inventó Macondo sino que lo codificó. Dvorak, Mahler o Liszt obtenían suficiente inspiración de una inconspicua caminata alrededor de sus casas como para escribir miles de óperas, sinfonías o danzas.
Una sociedad enferma produce arquitectura enferma, decía en mi elogio a la locura, describiendo la monstruosidad que parió la revolución ciudadana en Montecristi. No vamos a curar la sociedad, y mientras uno más trata de encontrar explicaciones, la brecha se sigue abriendo y las soluciones y las propuestas, en el mejor de los casos, caen en saco roto, y en el peor, suenan a algún idioma raro de esos que hablan allá donde no está tan enferma, la sociedad.
Lo interesante sería conocer cuáles fueron los elementos que hicieron de Bohemia, Austria o Hungría lugares en los que el entorno permitía desarrollar las ciudades que ahora podemos ver, y al mismo tiempo les permitía a los hijos de esas ciudades expresarse. Los casi 70 años que duró la "doble monarquía" de Austria-Hungría fueron suficientes para hacer de Viena y Budapest ciudades capaces de saturar los sentidos de quien las recorre. Luxemburgos y Austrias hicieron de Praga la joya de Europa, capaz de devolver el poder de asombro al más arrogante de los viajeros.